Ayer, el presidente Obama, en presencia del Secretario de Defensa, Leon Panetta, ha presentado la nueva estartegia que adelgazará los gastos militares, de modo que se reducirán 45.000.000.000 de dólares en diez años. El mensaje propagandístico está claro: en tiempos de crisis, hasta las fuerzas armadas deben apretarse el cinturón. ¿Se va a desarmar el Pentágono? En absoluto: racionaliza la utilización de los recursos para hacer todavía más eficaz su maquinaria de guerra.
El gasto de defensa
estadounidense, que casi se ha doblado en el último decenio, supone el
43 % del gasto militar mundial. Pero si se le agregan otros gastos de
carácter militar, no incluidos, sobrepasaría el 50 % del gasto militar
mundial.
Para 2012, el Pentágono recibirá 553.000.000.000 de
dólares, 23.000.000.000 más que en 2010. A ellos se agregan
118.000.000.000 para la guerra en Afganistán y para las "actividades de
transición en Iraq", y 17.000.000.000 para las armas nucleares que
gestiona el Departamento de Energía. Hay que incluir otros gastos de
carácter militar, entre los cuales hay 124.000.000.000 para militares
retirados y 47.000.000.000 para el Departamento de Seguridad de la
Patria. En total, el gasto militar estadounidense sobrepasa los
900.000.000.000 de dólares, alrededor de la cuarta parte del
presupuesto federal.
Es sobre estas cantidades sobre las que se
anuncia el recorte de 45.000.000.000 de dólares en el próximo decenio.
Se reducirán las fuerzas terrestres de 570.000 a 520.000 efectivos.
Esta reducción se posiciona tras la nueva estrategia probada en la
guerra contra Libia. Es la nueva manera de hacer la guerra, que ha
mostrado cómo potencias medianas pueden ser batidas y sus líderes
derrocados, utilizando la aplastante superioridad aérea y naval
USA/OTAN haciendo recaer la carga más pesada sobre los aliados.
Los
fondos necesarios para las guerras -caso de Libia- son autorizados por
el Congreso una vez tras otra, agregándolos al presupuesto del
Pentágono.
Panetta ha subrayado que las fuerzas estadounidenses
se volverán más ágiles, más flexibles y prestar a ser desplegadas
rápidamente. De este modo, los EEUU estarán en condiciones de afrontar
y de vencer simultáneamente a más de un adversario. Los EEUU adquirirán
nuevas capacidades militares centrándose en los sistemas de armas, alta
tecnología y control del espacio. La nueva estrategia prevé una
utilización cada vez mayor de los servicios secretos y fuerzas
especiales.
Cuando fue director de la CIA, Panetta aceleró la
transformación de la Agencia en una verdadera organización militar. Ha
utilizado de manera creciente drones armados en los ataques en
Afganistán y constituido bases secretas para las operaciones de
comandos en Yemen y en otros numerosos paises. Las fuerzas para
operaciones especiales están hoy desplegadas en 75 países y están cada
vez más flanquedas de mercenarios de compañías privadas que actúan en
la sombra. La guerra es así dirigida con formas menos visibles, pero no
menos costosas. El presupuesto de los servicios secretos está en efecto
"clasificado", es decir, secreto. Nadie puede saber exactamente a
cuánto asciende realmente el gasto militar estadounidense.
En la
nueva estrategia deberán estar en condiciones de asumir y vencer en un
conflicto de grandes proporciones, conservando simultáneamente la
capacidad de bloquear a otro adversario mayor en otra región y conducir
otras operaciones de "contraterrorismo y de imposición de una
«no-fly-zone». Para esto tendrán necesidad de sistemas de armas más
avanzadas, como los cazas F-35, que con algunos ajustes reforzarán el
liderazgo estadounidense sobre sus aliados. Tendrán al mismo tiempo
necesidad de fuerzas nucleares siempre dispuestas para el ataque. Con
este fin, anuncia el Pentágono: "La administración modernizará el
arsenal nuclear y el complejo que lo sostiene". El gasto será
ciertamente enorme.
Todo esto no es una ralentización en la
carera armamentística, sino un preludio de una nueva escalada de la
guerra, que ahora consume 3.000.000 de dólares por minuto.
Panetta
ha anunciado que la nueva estrategia tiene como centro focal el Medio
Oriente y la región Asia/Pacífico, haciendo comprender que EEUU miran
hacia Siria e Irán y consideerando opositores a China y Rusia. La nueva
estrategia tiene como objetivo sostener el liderazgo mundial de EEUU.
Pasar página para ellos es dar marcha atrás en la historia, a la edad
de oro del imperialismo.

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